lunes, 9 de junio de 2014

MI TERMÓMETRO EMOCIONAL

TERMÓMETRO PARA MEDIR EMOCIONES

Si buscáis por internet podéis encontrar muchas variables de lo que es un termómetro emocional y cómo poder usarlo. Gracias a blogs educativos y páginas de este tipo yo también lo descubrí y lo moldeé a mi gusto y hacia las necesidades de mis alumnos. Por eso, quería presentaros en esta entrada el material que yo he hecho y cómo lo he aplicado.

Para comenzar, quiero comentar que lo he trabajado con una alumna que cursa 5º de primaria, que tiene muchas dificultades par controlar su estado de ánimo a la hora de hacer las tareas escolares. Se enfada con mucha frecuencia, llegando a niveles tan altos, que se hace muy difícil tener una tarde en casa armoniosa. Fácil es darse cuenta de las consecuencias tan nefastas que estos hechos traen consigo en la relación de padres-hijos. Por eso es importante, por un lado, dar pautas a los padres para prevenir y actuar cuando la situación se desencadena, y por otro, trabajar con el alumno sus emociones.


Previamente ya habíamos trabajado a través de otras actividades, la detección de situación de situaciones que me ponen nerviosa, me molestan, me desagradan, me enrabietan....y estuvimos analizando cómo me sentía en cada una de ellas, y qué signos experimento en mi cuerpo para darme cuenta de cómo me siento así (siento calor, me pongo tensa, respiro más fuerte, tengo ganas de llorar...). Una vez visto esto, le hice el termómetro que aparece en la foto. Como veis está dividido en distintas emociones que parten de emociones positivas (hacia la cual debemos tender), y una graduación cada vez más intensa de emociones negativas. 

Esta alumna tiene apoyo de sus padres para realizar las tareas, y es con ellos con los que muestra principalmente las explosiones de enfado. Por este motivo, el material lo utilizamos en este momento y de la siguiente manera.

Junto con el termómetro hay una pequeña tortuga que se utiliza para indicar el estado emocional en el que me encuentro. Un requisito imprescindible, es que cuando comience las tareas, la tortuga debe estar en la franja de "bien, tranquila". Hay que arrancar el momento de estudio de forma positiva (habremos leído una frase del "cofre de las palabras mágicas"), y aceptando gustosamente el apoyo de sus padres. A medida que van trabajando, ella va a poder comunicar a través del lenguaje oral y del termómetro qué situaciones han provocado un cambio en su estado emocional, para que de esa manera por un lado, los papás puedan conocer qué cosas hay que evitar, y ella a su vez, sea capaz de transmitir lo que no le gusta y controlar que eso que empieza a molestarle, no se dispare. 
Si alguna circunstancia ha provocado que la tortuga suba demasiado hacia arriba (peor estado emocional), nuestra pauta es parar por ambas partes (padres y alumna), de forma que pueda utilizar las estrategias que hemos trabajado para disminuir lo máximo posible la ira, en este caso, la técnica de la tortuga. Paramos un minuto, contraemos los músculos, respiramos tranquilamente y contamos hasta 10. Si lo necesitamos, podemos ir al baño y nos mojamos la cara. De esa manera, refrescarnos y caminar un poco también nos viene bien para desconectar de la situación. Podemos volver a retomar nuestras actividades cuando seamos capaces de volver a poner la tortuga en el estado de "bien, tranquila".

Es un trabajo lento, y hay que disponer sobretodo de mucha paciencia, pero hacerlo con la constancia que se requiere, evita muchísimos conflictos y poco a poco, el chico/a aprende a comunicar sus estados de ánimo con más facilidad y es más competente para regularse él mismo. Podrá darse cuenta de las consecuencias tan beneficiosas que se dan al controlar las rabietas y enfados, tanto para él mismo como para la relación con su familia.




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